(Coordinación de Crónica Apostólica) — El Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, visitó el templo de la colonia Villas del Descanso, en Jiutepec, Morelos, en la continuación de la décima etapa de su Gira Universal. La mañana del 29 de mayo, los hermanos y hermanas de esta localidad se aprestaron para recibir al visitante anhelado. Desde temprana hora se escuchaban cánticos y alabanzas, que entonaba la grey que se dio cita para recibir al Siervo de Dios en el hermoso santuario que se inauguró el 22 de diciembre del 2002, y cuya feligresía está actualmente a cargo del hermano D.E. Daniel Ponce, se integró como Obra de la colonia Miguel Hidalgo de Cuautla.
El interior del sagrado recinto, aunque pequeño, estaba bellamente ornamentado para la memorable ocasión. El grato olor de la presencia apostólica se percibía entre los congregados. En el transcurso de la oración de nueve de la mañana, al término de la consagración, hizo su arribo al santuario el Apóstol del Señor, entre expresiones de júbilo, saludaba a la Iglesia. Le acompañaban su esposa, la hermana Alma Zamora, la diaconisa Eva García y algunos pastores.
Ya en su ministerio, que estaba rematado con alas a los lados, en alusión al ángel del Evangelio eterno y Apóstol de la Nueva Era, expresó con gran regocijo espiritual: “Qué alegría venir a conocerte personalmente, saber que el Manto de la Elección te ha tocado, que la obra de Dios ha sido hecha en vuestros corazones y decirte que ¡soy vuestro en Cristo! El alimento que me habéis preparado es un pretexto, la principal intención es bendecirte… Decir: ¡Señor, bendice esta Iglesia de Jiutepec y multiplícala¡”. Los congregados doblaron sus rodillas y acompañaron al Varón de Dios en su oración.
Ya de pie dijo que veía muy bendecida a la iglesia del estado de Morelos, pero no lo suficiente: “Yo quiero que trabajes en el Señor y así como veo muchas visitas, y con la vista espiritual veo en ellas su corazón y su fe, les digo a vosotros: ¡Es tiempo de seguir trabajando, de no amedrentarnos ante el gigante Goliat¡ Como le dijo aquel mancebo David, a ti te digo: ¡ten la seguridad que vamos en el nombre de Jehová!, y cada vez que abras tus labios para predicar y dar testimonio de Cristo, recuerda que el Pueblo de Israel volteaba hacia el monte y al ver a Moisés con los brazos levantados, prevalecía porque el Siervo de Dios oraba por ellos. Así su hermano Naasón Joaquín estará orando por vosotros; tocarán las puertas y le dirán a la gente: ‘Señor, señora… un Apóstol me ha enviado para que le dé testimonio’. El Señor abrirá los corazones y veréis grandes maravillas y esta Iglesia de Morelos se ha de multiplicar…”.
Descendió del templete para salir de la Casa de Oración y entonces reiteró que aceptó la invitación para conocerles y alegrarse con ellos y dejarles su bendición en ese lugar. Al salir les bendecía diciendo: “Que el Señor que comenzó la buena obra en vosotros, la perfeccione día a día hasta la venida de Cristo. Dios los guarde y los bendiga”. Los congregados pasaron al templo e hicieron una ferviente oración, mientras el pequeño Coro, dirigidos por el hermano Daniel Zaragoza, entonaba cánticos de reconocimiento a la Elección.
Ya en el interior de la casa pastoral y durante el desayuno, expresó que la abundancia que vive la Iglesia era la respuesta de la bendición profetizada. Recordó que en tiempos del Apóstol Aarón, en los inicios de la Restauración, dejaba a un matrimonio de obreros en algunas ciudades o poblados para que ahí predicaran, con la consigna de no regresar a Guadalajara, en tanto no hubiera conversiones. Los misioneros colocaban su frente en la pared y en oración pedían la ayuda a Dios.
Dios es un Padre que provee para que a sus hijos no les falte nada
Al respecto, el Varón de Dios dijo que aquella pobreza sirvió, porque la permitió Dios para fortalecerles la fe, condición de pobreza y sencillez que tuvo Cristo, para que al convertir a la gente no fuera a través de la fuerza, sino por el Espíritu de Dios que estaba en él, y agregó: “Nosotros también, cuando logremos convertir los corazones para el Señor, digamos que fue Dios, porque Él es nuestra fuerza y así como un padre vela por sus hijos para que nada les falte, así Dios, que es nuestro Padre, nos provee de lo necesario. Lo dijo el Apóstol Samuel Joaquín a sus hijos cuando estaba por terminar su vida, el 9 de junio de 2014, que seríamos muy bendecidos. ¿Por qué? Porque sois hijos de Dios, así que no esperen que Él los deje…”.
Esta profecía, comentó, se está cumpliendo ahora que la Iglesia comienza a salir a la sociedad y se está dando a conocer realmente por su mensaje genuinamente cristiano y por el ejemplo. Agregó que pese a que otras congregaciones desacreditan a la Iglesia del Señor, para retener las almas, o que no todos lo hayan recibido como el enviado de Dios, él sigue siendo Apóstol de Jesucristo, pues tiene presente que en las tres administraciones apostólicas han existido opositores, aunque en su tiempo no ha tenido ningún contratiempo, salvo por los que no lo han recibido, que son pocos, porque en la mayoría, Dios, en un momento, hizo maravillosamente esa Obra.
Aclaró que ese portento fue el inicio del cumplimiento de la promesa de Dios y acotó: “También es un reto para mí guiar a un Pueblo convencido. Sé que tengo que trabajar más, porque la Iglesia ya fue bendecida en lo espiritual por dos Siervos de Dios y ahora será prosperada”. Los pastores que le acompañaban le escuchaban con atención y guardaban esas palabras en su corazón; algunos tomaban nota para compartirlas en las oraciones que les tocará presidir. A ellos les dijo que el llamamiento también había sido para ellos, pues en su fe y adhesión unánime, Dios también lo hizo manifiesto para que aceptaran y se unieran a los propósitos apostólicos.
En este tenor, el Apóstol de Jesucristo explicó que el objetivo primordial de su Gira Universal era para conocer, alegrarse y bendecir a la Iglesia, pero sobre todo reavivar el amor a la Obra del Señor, impulsar el trabajo, y fomentar el progreso: “Incluso los ministros que ya son grandes pueden ayudarme con sus testimonios, los jóvenes ayudando a los ancianos, mi familia con su trabajo y reconocimiento…”, añadió.
Para instar a todos los presentes a continuar trabajando para el Señor, mientras tomaban sus alimentos que con tanto amor le brindaron, el Siervo de Dios reconoció con sincera gratitud, que en el lenguaje del Nuevo Testamento éramos los que no teníamos esperanza, como aquella mujer que seguía a Jesús para que sanara a su hija y daba voces para que la escuchara, pero el Señor le dijo que no era lícito quitar el alimento a los hijos para darlos a los perrillos, mas ella aceptó el menosprecio, porque sabía que Cristo era su única oportunidad (v. Mateo 15:24-28).